Cuando la improvisación sustituye a la planificación

Gobernar una institución como el Cabildo de La Palma exige planificación, rigor y capacidad de anticipación. No basta con reaccionar a los acontecimientos ni con rectificar cuando la presión social aprieta. Gobernar implica prever, escuchar antes de decidir y actuar con criterio técnico desde el primer momento.

Sin embargo, si algo define al actual grupo de Gobierno de Coalición Canaria es, precisamente, la improvisación. Una forma de gestionar que se repite con demasiada frecuencia y que termina generando incertidumbre, sobrecostes y falta de resultados visibles para los ciudadanos.

Un ejemplo reciente lo encontramos en la decisión de cerrar la carretera LP-3, la vía de La Cumbre, principal conexión entre ambas vertientes de la Isla. Una medida de enorme impacto para trabajadores, estudiantes, transportistas y para el conjunto de la economía insular. La decisión se anunció sin alternativas claras, sin planificación visible y sin un mensaje que ofreciera tranquilidad.

El resultado fue inmediato: malestar generalizado, críticas en redes sociales y preocupación entre quienes dependen a diario de esa vía. Y, pocas horas después, rectificación. Ahora se anuncia que se estudiarán medidas técnicas y alternativas.

La pregunta es evidente: ¿por qué no se estudian antes? ¿Por qué no se planifican las alternativas antes de comunicar decisiones que afectan a toda la Isla?

Este patrón no es aislado. Se repite en distintas áreas. Se anuncian iniciativas que después se modifican. Se plantean decisiones que, tras el rechazo ciudadano, cambian de rumbo. Y cada rectificación no solo genera desconfianza, sino que suele implicar más gasto público, duplicidad de trabajos y una ejecución presupuestaria menos eficiente.

La improvisación sale cara. Sale cara en tiempo, en recursos y en credibilidad institucional.

Mientras tanto, los resultados no se perciben en el día a día de los palmeros. No vemos mejoras estructurales acordes al volumen presupuestario del Cabildo. No vemos una planificación clara en infraestructuras, ni en carreteras, ni en áreas estratégicas para el desarrollo insular como son la vivienda o los servicios sociosanitarios. 

Gobernar no puede convertirse en un ejercicio permanente de ensayo y error. La isla necesita estabilidad en la toma de decisiones. Necesita proyectos maduros, estudiados y consensuados antes de hacerse públicos. Necesita una gestión que marque rumbo, no que navegue al vaivén del ruido en redes sociales y los likes. 

Escuchar a la ciudadanía es fundamental. Rectificar cuando uno se equivoca también es sano en democracia pero convertirla en método de Gobierno evidencia falta de planificación previa.

La Palma merece algo más que decisiones precipitadas seguidas de correcciones. Merece una gestión ordenada, eficaz y con visión a largo plazo. Porque improvisar no es gobernar. Y nuestra Isla no puede permitirse más tiempo perdido.

Toni Santana, 

Consejero del Grupo Popular en el Cabildo de La Palma

 

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