

Ya lo avisaba Maquiavelo en su ópera magna, El Príncipe: el miedo es la mayor arma para manejar a la población, consigna que, sin duda, ha servido como base para la estrategia de campaña del bloque de izquierdas en estos pasados comicios.
Tanto el partido socialista, encabezado por el incombustible Sánchez, como su remozado partido muleta Sumar, se han encargado de basar toda su estrategia de comunicación en el fundado temor a la llegada de Vox a un posible gobierno del bloque de derechas, dando un giro de timón a la estrategia de hace apenas un mes centrada en el ataque a los medios no afines, la victimización de los líderes progresistas y el enarbolamiento exacerbado de la bandera de los derechos sociales.
Se ha utilizado de tal forma que inclusive se permitía el lujo la señora Yolanda Díaz de señalar a las políticas del señor Abascal como responsables de los delitos de violencia de género cometidos en nuestro país, algo que, si me permiten es harto complicado, pues el señor Abascal aún no ha llegado a gobernar y, por tanto, ninguna de sus políticas ha llegado a ponerse en práctica, es tal el poder del miedo que ha permitido que la población deje de lado un sin fin de polémicas acaecidas en la última legislatura, frenando de esta forma el voto de castigo al bloque de izquierdas.
Haciendo un ejercicio de memoria y únicamente a modo de listado podríamos hablar de la famosa visita de la señora Delcy y sus maletas al estado español saltándose órdenes de detención internacionales, del señalamiento y ridiculización a todas aquellas personas que avisaban de los posibles efectos de la pandemia del COVID-19, la cual a la postre dejó en el país decenas de miles de muertos, un confinamiento histórico a nivel mundial y una economía desolada, el pacto con podemos para formar gobierno, algo negado hasta el día antes de las elecciones de forma tajante por el líder socialista, el pacto con los partidos independentistas y su intento de ocultación a la población, ya lo decía Otegi «Se creen que la gente es tonta, llevamos juntos cuatro años», el indulto a los líderes independentistas, la derogación de la sedición y la malversación, el intento de asalto al poder judicial y, por tanto, a la separación de poderes frenado por Europa, el cambio de postura con respecto al Sahara, modificando de modo unilateral y de forma casi autoritaria una postura de estado de hace décadas, sumándole unos acuerdos con Marruecos que no se explican, la polémica ley trans, el vergonzante caso del Tito Berni, la absolutamente calamitosa ley del solo si es sí que ha derivado en la puesta en libertad y reducción de penas de cientos de agresores sexuales a pesar de las decenas de informes en contra antes de su aprobación…
La lista como vemos es tan extensa como demoledora y no solo esto, sino que además han utilizado unas formas absolutamente contrarias a las que defienden, véase el famoso (supuesto) poder democratizador de la izquierda algo totalmente antagónico a la gestión realizada a base de decretazos, siendo el gobierno que más decretos ley ha aprobado en la historia, señalando de forma totalitaria a todos aquellos medios que han ido en contra del discurso oficial, tratando al ciudadano como un ser carente de sentido crítico «No saben votar, se dejan engañar por los medios» y además tratando de modificar el lenguaje en un movimiento cuasi Orwelliano para maquillar sus errores, ya lo decía Zapatero: «Sánchez no ha mentido, ha cambiado de opinión», una vez más faltando al respeto a la inteligencia del electorado.
Pero el resultado a tal maquinaria propagandística ha sido bueno, sin duda, ha conseguido frenar la caída del PSOE, ha maquillado los resultados de Sumar, donde a pesar de confluir con todas las fuerzas a la izquierda del Sanchismo ha bajado varios escaños con respecto a Podemos en las últimas nacionales, han impedido el despegue del Partido Popular y han frenado el efecto Vox, el temido lobo que venía a comerse a la progresía.
Pero… ¿Ha sido realmente esto así? Personalmente estimado lector, yo creo que no, creo que ha habido un error de base en el señalamiento al peligro para esa gobernabilidad Frankenstein que permite la postergación del Sanchismo, igual no era Abascal ese lobo al que tanto debían de temer y éste continua sibilinamente por debajo del radar…
Entretanto, en Génova 13 se comienzan a escuchar los aullidos: Ayuso…Ayuso…
Compay III




