ARTÍCULO OPINIÓN

Mercancía defectuosa

Finalizada la erupción del pasado año, dio comienzo el verdadero daño derivado del volcán: el llamado post-volcán ha traído a la palestra las carencias de nuestra política local, insular y regional, dejando a la vista todos los complejos, defectos e inseguridades de nuestros dirigentes, así como sus filias y fobias entre sí.


Hemos tenido que observar (o sufrir, según se mire) como se ha utilizado el aparato de la administración directa o indirectamente por medio de voceros oficiales y oficiosos para tapar las verdaderas intenciones detrás de determinados proyectos, para censurar al disidente o al menos tratar de acallarlo con limosna, promocionar a los principales responsables no ya de la catástrofe, pero si de la penosa situación que vivimos un año después de cesar esa llamarada incandescente que alumbraba desde la cumbre todo el valle durante la noche y lo que es más grave para atacar y desacreditar al afectado.


Los ataques los ha habido de todos los colores y sabores que podamos imaginar, desde ataques puramente personales, acusaciones de actuar por motivaciones políticas, intentos de culpabilizar al propio afectado de sus circunstancias «¿De qué se quejan?», hasta menosprecios hacia nuestra gente, nuestra cultura, acusándonos de venir «defectuosos de fábrica».


Los palmeros afortunadamente no nacemos de una fabricación en cadena, pero si así fuera, les aseguro que nuestro engranaje está tan bien engrasado y cimentado en una forma de ser, de vivir, de sentir nuestra tierra, de cuidarla, de compartir con nuestra gente, que esa cadena afortunadamente no crearía productos defectuosos como común denominador, aunque de vez en cuando y de forma individualizada haya quien cargue con alguna pequeña tara.


Siempre habrá quién utilice a un pariente funcionario como voz para expresar lo que siente, por falta de valentía por parte del inductor o falta de pericia por parte del orador, el que no sea capaz de controlar sus impulsos para faltar al respeto a sus adversarios, la persona que tratará de imponer su ingeniosa ocurrencia sin atender a ningún criterio o filtro democrático o el que buscará de despacho en despacho influenciar para que salga adelante su proyecto personal en perjuicio del resto.


Pero no, los palmeros no tenemos defectos de fábrica, tenemos virtudes y son muchas: el palmero es trabajador, luchador y constante; justo, honrado y humilde; amable, cercano y solidario, y sobre todas las cosas es noble y bueno. El afectado no es culpable, en cualquier caso es víctima y el tiempo dirá (y los juzgados) de qué tipo de responsabilidad.


Los videos de las cadenas de montaje son hipnóticos, atrayentes, mágneticos, muchos de ellos acumulan millones de visitas en plataformas digitales, tienen algo que atrae y que fija la mirada en ellos, pero si tenemos paciencia y observamos con detenimiento nos daremos cuenta de que no es tan difícil darnos cuenta de la pieza que viene desencajada en su serie, solo es una cuestión de olvidarnos del ruido y prestar atención…

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