Displicencia y Condescendencia

La autocrítica no es la mayor virtud de nuestros representantes, generalmente la postura a seguir después de un varapalo político suele ser el silencio más absoluto, esconder los restos bajo la alfombra, obviar lo que ha sucedido y si alguien inquisitivamente se interesa por ello, señalar como responsable al contrario, palabras como deslealtad, mentiras o manipulación afloran en este tipo de discursos, amén de las siempre tan manidas excusas absolutorias sobredimensionadas y ultrareiteradas en esta legislatura: Pandemia, incendio y la mayor y favorita para justificar cualquier resultado, así como cualquier tipo de actuación u omisión en el territorio, el volcán.

Es cierto que las circunstancias sobrevenidas durante estos cuatro años dificultan cualquier tipo de gestión, pero no deja de ser más cierto que las personas que se encuentran al frente de las instituciones han sido elegidas para liderar no solo en los momentos de bonanza, sino también en los de dificultad y no hubo mayor oportunidad de demostrar valía, liderazgo, cercanía, capacidad de diálogo y de trabajo que esta catástrofe natural que hemos vivido en la isla, es por esto que este pasado mayo ha consolidado o incluso encumbrado a una parte de la clase política y ha vilipendiado y hundido a otra.
Las problemáticas han sido varias y de diversa gravedad: cientos de familias sin solución habitacional, reconstrucción agrícola, zonas aún evacuadas, proyectos de carretera sobredimensionados para las necesidades del territorio que afectaban a más terreno del tocado por la erupción, infraestructuras hidrológicas ciertamente polémicas en fondo y forma, falta de soluciones al sector industrial, paralización del sector turístico…

Pero sería un análisis verdaderamente sesgado fundamentar los resultados de las elecciones únicamente en las problemáticas derivadas de la erupción, pues las necesidades de la isla anteriores al 19 de septiembre de 2021 tampoco se han visto paliadas de ninguna forma, nuestra clase política durante cuatro años ha actuado con una displicencia absoluta hacia ellas, dándole la espalda al encarecimiento de los combustibles fósiles, demostrando una incapacidad absoluta para dar soluciones al sector ganadero, algo que se antojaba como una tarea relativamente sencilla a nivel insular, realizando una gestión que solo podemos definir siendo generosos como calamitosa en la sanidad palmera (donde incluso se premia al responsable con una candidatura al senado…) con listas de espera interminables, falta de especialistas, materiales, desaprovechamiento de las infraestructuras… podríamos hacer un listado amplio, que nos daría un texto cercano en extensión al Ulises de James Joyce y aun así nos quedaríamos cortos, pero no podemos dejar de hacer especial mención a la situación del agua en la palma.

Con casi 900 fanegas de cultivo fuera del circuito, habiendo tenido un año relativamente generoso en cuanto a precipitaciones se refiere, es absolutamente injustificable, vergonzante, sonrojante, aberrante y totalmente preocupante que el coste del agua de regadío este a unos precios desorbitados, que el precio del agua siga dependiendo de manos privadas y sobre todo que desde las instituciones no se hayan puesto medidas para mejorar la situación, ni tranques en las galerías, ni nuevos embalses, ni cierre del anillo insular y ya ni hablar del túnel de trasvase, en cambio, las soluciones que hemos tenido han sido: inyecciones directas de fondos públicos a pozos y un tubo sobre la nueva zona creada por la erupción, obra ya denunciada por costas.

Aun así, no nos podemos quedar ahí, pues la propia actitud que hemos recibido por parte de muchos representantes realmente ha rozado en muchos casos la definición más pura de la condescendencia, tratando de imponer bajo una cortina de propaganda medidas alejadas tanto de las necesidades inmediatas de la isla, como de las prioridades y urgencias derivadas de la coyuntura histórica que estamos viviendo, creyendo que el ciudadano no es capaz de darse de bruces con la realidad, como si fuese un ser carente de sentido crítico o de inteligencia, el intento burdo de terciarización de la economía de la isla mediante infraestructuras diseñadas para esto, pero introducidas cuál caballo de Troya como soluciones a otras problemáticas es buena prueba de ello.

La utilización del aparato de la administración como herramienta no solo de defensa en contra de las críticas legítimas por parte del ciudadano, sino como arma arrojadiza hacia aquellas personas con un discurso disidente, alejado del oficial, bien podría haber sido la bandera de la gestión realizada, mientras tanto, hay quien se excusa simplemente diciendo «No hemos sabido explicar lo que hemos hecho».

En definitiva, son muchas las caras del prisma político que tenemos a nivel insular y quedarnos con una explicación simple sería faltar a la realidad o al menos ignorar buena parte de ella. Y recuerden, ya lo decía aquella famosa serie: Winners don’t make excuses when the other side plays the game. «Los ganadores no ponen excusas cuando el contrario juega».
Compay III

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